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Conforme evolucionamos, terminamos por aceptar nuestra sombra y darnos cuenta de que tenemos que vivir con nuestros errores, nuestras limitaciones y aspectos que nos perturban. Son momentos en los que se suprime el juicio condenatorio porque uno ya se ha vivido desde casi todas las posiciones, con lo cual, relativiza las posibles culpas y condenas que su mente proyecta. Se trata de un paso evolutivo en el que ya no dedicamos atención a formas de aversión ni a juicios críticos al otro, sino que la energía se reorienta hacia las soluciones que la convivencia demanda.

 

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