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El sometimiento a menudo es percibido como que alguien quiere algo de mí y yo, en caso de concederlo, debo renunciar a mi dignidad. Pero aquí en definitiva se trata de que una persona asienta a su destino tal como es. Nuestro destino en gran medida es determinado también por nuestros padres. De nuestros padres tenemos lo que somos y también aquello que nos falta. Los padres nos abren un camino y también nos ponen un límite mediante ellos mismos y mediante su destino y su origen, lo que sea.

Si nosotros nos sometemos con amor en ese sentido, asintiendo al destino tal como es, con todas las consecuencias, entonces es una forma de sometimiento. Pero también puede decirse que es entrega. Esa es una palabra completamente diferente. De esa entrega proviene grandeza.

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