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Testarudos de Alma.
Carola Castillo

El despertar tiene que ver con lo que “el buscador” está dispuesto aguantar; hablamos en este sentido de la responsabilidad y las consecuencias dentro de cada acción que emprende. Este “abrir y cerrar de ojos dentro del alma” tiene que ver con los niveles de conciencia del propio buscador y el que lo acompaña a indagar.

Ningún individuo vive o aprende con la experiencia de otros. Podríamos escuchar, asesorarnos, pero cuando alguien le toca vivir algo en específico el destino lo aguarda en cualquier puerta. A nadie debemos quitarle la oportunidad de crecer y vivir. Por más extraño que parezca somos pocos los que celebramos las crisis y los momentos duros de cada ser humano. ¿Es acaso esta celebración algo malo cuando estamos seguros que cada quien tiene un camino de aprendizajes y ya está próximo a revelarse? ¿Qué es entonces la vida sino la absoluta realidad de que algún día podamos saborear los logros a punta de confianza y amor?

Sin embargo; cuando llegues al entendimiento de afrontar tu verdad; tendrás que ser reflexivo y darte cuenta que en el camino encontrarás personas que te amen, odien, juzguen, abandonen, los que aguarden en silencio, los que aparenten, los que no tienen ni la menor idea de tu existencia, y los que…. etc., etc.

Tomar conciencia y responsabilidad del camino será la mayor transformación para la personalidad del “ego”. Cada persona que confrontamos a diario es una revelación de nuestra propia identidad que con el tiempo vamos escondiendo por temor a reconocernos en esos espejos que son tan difíciles de mirar cuando nos negamos quiénes somos en realidad.

Intenta descubrirte en el ejercicio diario con todas las personas a quien por cualquier motivo decides rechazar. La maravilla de encontrarse cuando en verdad nos proponemos a la gran tarea de saber quiénes somos radica en esta capacidad.

El valor agregado de estar ubicado en alma, cuerpo y mente se debe a la fuerza interna de vivir en humildad sin llegar a comprender el significado de la palabra como tal. El que verdaderamente deja de mirarse en los otros y concluye amando a cada ser en su vasta inmensidad, sabe de iluminación y bondad, la palabra apego deja entonces de ser una carga en nuestro haber y la realidad se concibe tal y como es.

Nuestras heridas; tanto las pasadas como las actuales van moldeando la percepción del amor que lamentablemente vamos negándonos. Luego en el corto tiempo y espacio, arribamos con mucha queja y pesar a la ruina espiritual. Ancianos cascarrabias y amargados con nuestro propio ser estando al tanto que al final es muy difícil limpiar numerosos espejos pues de alguna forma se acaba la fuerza para ello. Seremos simplemente “uno” más en la interminable lista de los “testarudos de alma”.

Si decidieras emprender camino, comienza por hacer una lista de las personas que odias, amas, rechazas y juzgas.

Comprométete a ser honesto en la mirada y comienza a pulir el diamante de la visión que te lleva a Dios y su totalidad. En caso contrario bienvenido a la lista de los “porfiados de alma”.

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